ESCRITOS, FOTOS, IMAGENES DIVERSAS, EXPERIENCIAS LA EDUCACIÓN, LA CULTURA, LOS VALORES, LOS CAMBIOS. UNA PERSPECTIVA FILOSÓFICA, ANTROPOLÓGICA. EDUCATION, CULTURE, VALUES, SOCIAL CHANGES

miércoles, 17 de octubre de 2012

CONTINUIDAD CON LA NATURALEZA

Los valores de UNO: Dignidad, Participación, Solidaridad, Diversidad, Continuidad con la Naturaleza.

CONTINUIDAD CON LA NATURALEZAMACHU PICHU

Arnaldo Esté

Septiembre 2012

Tal vez, a muchas culturas antiguas y grandiosas como la maya, la quechua o la del khmer en la actual Cambodia, les llegaron señales precoces de la decadencia, de sequias o deslaves producto de gerencias u operaciones SUTRA YOGA erradas de las aguas. O tal vez desoyeron e ignoraron la comunicación de sus dioses.

Hoy, señales similares se hacen cada vez más frecuentes, lo que RELIEVE conlleva a las Naciones Unidas (Resolución 63/278 de la Asamblea General) a darle entrada a la Pachamama, a la Madre Tierra de todos los tiempos, a su simbología. Y como éste, hay decenas de acuerdos, entre los que sobresale el Protocolo de Kioto. Además, las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), los movimientos ecologistas y conservacionistas aumentan en número y fuerza.

Arne Naess (1973), Fritjov Capra (1975) y muchos otros se refieren a la Ecología Profunda, tratando de comprender lo que se oculta más allá del conservacionismo. Y por ellos sabemos que la Naturaleza nos transita en energías, ondas y partículas que están en todas partes, que han estado siempre, pero que aun no percibimos bien lo que RAMO va quedando en ese discurrir. Aunque lo ponemos en palabras conocidas, en símbolos, en oraciones y cantos. En veneraciones y devociones.

Porque no es sólo asunto de contaminación, basura, gases, tóxicos que ya es grave y urgente. No sólo es reciclaje y preservación de recursos. Es mucho más que especies que se extinguen. Es mucho más que conservación de una planta, que es amor y exigencia. Mucho más que un comprensivo “desarrollo sustentable” o “sostenible” o del análisis de las causas del confuso cambio climático. Es más que las conductas de arrepentimiento y vergüenza con las que se idearon los parques artificiales y las zonas protegidas. Islas de reconciliación. Pagos de purgatorio.

La continuidad con la naturaleza es un valor emergente, que supera el DIBUJO H PERIDOantropocentrismo sin desmejorar la calidad humana. Rebasa intereses individuales con la consciencia de que todo lo que a ella perturba nos perturba a todos. Es identificarnos  con la Naturaleza, no sólo porque con ello va la propia vida sino porque vivir así, en el Valor de esa continuidad, es mucho más que subsistencia.

No es simplemente el bien y el mal. Es el actuar y pensar la Naturaleza como un tránsito permanente e indetenible y que como toda travesía también deja sus huellas. No somos los mismos antes y después del viaje, antes y después de lo vivido. Para el quechua, la distancia entre el presente y el pasado está en la Naturaleza, porque ella es el plano horizontal donde el hombre vive, con sus muertos y con los vivos que lo acompañan, no es arriba ni abajo, no es cielo y tierra, no es bien y CARA mal. Ella es el punto de encuentro que compartimos con los ancestros. Este mismo espacio fue y será el de nuestros hijos. Nos une la fuerza vital que nos anima y nos sostiene, como anima y sostiene a los animales, las plantas, a los minerales… De esta manera se integran tiempo y espacio, mientras el pasado acompaña el presente en representación petrificada.

Hoy los especialistas utilizan el mismo concepto al referirse a la fragilidad de los sistemas ecológicos y su vulnerabilidad. Mientras, la poesía, las artes, sueltas a su propia continencia, afloran los símiles de ese tránsito:” baila como el viento”, “canta como la lluvia”, “mira como el sol, iluminando con tu mirada las cosas”. Abre tu piel a las muchas texturas, descúbrela como el mejor recurso de pertenencia a Ella, no el que te separa de Ella. Hacer de nosotros un maravilloso diapasón que sabe vibrar con todo: colores, sonidos, vientos, y aquellos tránsitos, que llamamos misteriosos, porque aun no tenemos las formas de precisarlos.

Es indispensable concebir al Ser humano – naturaleza no como una relación entre dos aspectos separados y divergentes, sino como una misma sustancia en diferentes manifestaciones y continentes. Contra la posición reduccionista que identifica a la Naturaleza con humedad, luz y color, calor, frio, y en afanes de clasificarla en grados yPAREJA niveles, emerge la otra, que es esa apertura no discriminadora a su tránsito permanente. En búsqueda no evasiva ni egoísta de apagar la  propia incertidumbre, como si pudiera existir su extinción. Olvidando que la incertidumbre es la mejor manera de comprender el trayecto, la vida en continuidad.

EmerimagesCARIER6Oge un Valor aún no cultivado o percibido cotidianamente. Ni siquiera se conceptualiza en la escolaridad como la Creación de Dios para los hombres y mujeres del mundo, para su vivir. Cuesta entender el extrañamiento e invento de la Naturaleza como algo “más allá” de nosotros, manifiesto en la metáfora de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, el destierro, porque habían dejado de comprender aquel sentido de la Creación divina. El mensaje es claro: el ser humano tiene su espacio en la Naturaleza, pero con unos linderos, con una piel que lejos de limitarlo, garantiza su integración, su indisoluble tránsito y permanencia, como un solo cuerpo con diferentes expresiones perceptibles a diario.

lunes, 15 de octubre de 2012

DIVERSIDAD

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- Dignidad,

- Participación,

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- Continuidad con la Naturaleza.

Todo inmerso en lo Digital como valor emergente.



LA DIVERSIDAD





Arnaldo Esté



Es frecuente encontrar, en críticos de la educación formal, tradicional, la acusación de ser homogeneizadora: like bricks in the wall dice la canción sesentosa.



Ahora, el reclamo trasciende lo educativo y tiene que ver con el mundo que emerge y la manera, en general, de percibir a los otros. La vertiginosa fluidez de la información permite percibir, más rápidamente, las expansiones económicas y culturales, las guerras religiosas, las segregaciones y exclusiones sociales, que parecen llegar todas al mismo tiempo a su apogeo culminante y a su agotamiento.



Por otra parte, cuando un alumno se escapa de la homogeneidad complaciente del aula tradicional, cuando su comportamiento es diferente, a veces es objeto del buliying, de la violencia multiforme de sus compañeros, del chalequeo y la burla colectiva. Su diversidad puede ser física, como la gordura, la estatura, flacura; o puede ser despistado, distraído o retraído; o bien, negro, pelirrojo, chino, indio, portugués…; es decir, no importa, porque siempre se acude a estereotipos. Se reproduce, en menor escala, los consecuentes argumentos internacionales, vinculados a lo infiel, lo pecador, lo insurrecto, lo atrasado, cualquier aspecto personal disímil. El buliying a esta escala puede ser mucho más costoso que la exclusión escolar del pasado.



Hoy es difícil hacer bandera del racismo, pero existe. Es insólito, en la comunicación abierta y difundida que genera el contacto de las más apartadas culturas, a partir de lo digital, pensar en la presencia de la discriminación soberbia y prepotente; pero la hay. La condición de migrante en muchos países se ha convertido en un ámbito de segregación y ultraje. Pensemos en el Apartheid. La paradoja subyace, porque todos los pueblos del mundo conocido han sido migrantes alguna vez, desde el israelita que participó del éxodo, hasta los desplazados políticos del Muro de Berlín y el conflicto colombiano. La mejor prueba de ello es el nacimiento, en 1950, del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).



La diversidad es otro valor emergente. Es saber que los otros no son como yo y que, además, los necesito.



Es indispensable cultivar la diversidad y con ello el reconocimiento y el
respeto al otro, en cada detalle de un salón, de una clase. Aprovechar su riqueza cognitiva y cultural, para aprender de cada experiencia ajena, para enaltecerla o transformarla, y ponerla al servicio de los proyectos propios y comunitarios.



Los latinoamericanos somos evidentemente mestizos. Y aun, los más aborígenes migraron y se fundieron en su tiempo. De hecho, ya los ibéricos colonialistas eran mestizos, venían con su mezcla de sangre árabe, judía y cristiana. El ufanar se de la fatua pureza es una influencia de otros países, de los que buscaron la herencia de “la raza aria” y otras superioridades.



El mestizaje se manifiesta en el lenguaje, en el “seísmo” americano y el “leísmo” español. El carnaval brasileño hunde sus raíces en el Imperio Romano, pero adquiere su propia impronta. La religiosidad andina integra sincréticamente al dogma cristiano con la teología quechua. Los mexicanos de Puebla de Los Ángeles adoran a Nuestra Señora del Rosario de Tonanzin, que es la misma Virgen de Chiquinquirá o la Coromoto. En sí, la práctica religiosa cambia y se hace hispanoamericana.



El mismo efecto se registra en la literatura y en las artes, en los muralistas mexicanos o en los textos y enciclopedias que incorporan y cuelan terminologías hijas del espacio americano. Pídale a un hispanohablante y a un ibérico que pronuncie la palabra “atlético”. El español peninsular no reconoce la integración “tl” derivada del nahuatl y pronuncia “at-lético”.



En el espacio de la pedagogía es conveniente precisar la riqueza del mestizaje cultural y, aún más, el potencial de aprendizaje que podemos perder, por ignorar el disfrute de la diversidad. Porque la variedad no sólo atiende a lo perceptible a simple vista, que también es relevante y conveniente. Sino también incluye perspectivas disímiles, otras maneras del comprender, del conocer, del disfrutar.



Con frecuencia es sutil la percepción de la diversidad en un grupo de niños. Tiempos, estilos, entonaciones, atuendos, modas, afloran en la curiosa dialéctica de querer parecerse a los otros y, a la vez, tener una identidad propia. El trabajo en grupos es propicio para hacer florecer la variedad y el aprendizaje de lo diverso, pero en el mismo espacio se reafirma el imaginario y la conformidad individual.



El cultivo de los valores supone su ejercicio, su práctica continua y además la aplicación de las estrategias y competencias en las que ellos se realizan. El momento individual en la Interacción Constructiva es, además del ejercicio de la Dignidad, la oportunidad, en cuanto a tiempo y exigencias, para que cada estudiante siga su propio paso, su propio ritmo, su estilo de manejar el problema. Eso es reconocer la diversidad. Se descubre que el desempeño, lejos de empobrecer, enriquece y que los inevitables conflictos que trae la diversidad, si se naturalizan, resultarán fructíferos. El diálogo se transforma en hábito y afloran las destrezas de negociación entre las diversidades. Se trata de profundizar en la competencia comunicativa.



sábado, 13 de octubre de 2012

SOLIDARIDAD

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Todo inmerso en lo Digital como valor emergente.


LA SOLIDARIDAD

Arnaldo Esté

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- Continuidad con la Naturaleza.



Todo inmerso en lo Digital como valor emergente.







LA SOLIDARIDAD

Arnaldo Esté

Septiembre 2012



Somos gregarios, nos realizamos en grupos y morimos en la soledad.

De manera que ahora resulta difícil comprender la percepción de grupos y conchabes en los salones de clase como competidores del maestro, cuando él debería tenerlos como aliados.

Pero al ver el contexto y los valores dominantes se aclara el panorama.

A la prédica y a la palabra y sobre todo a la palabra escrita, aun vigente en la falsa oralidad de los docentes, se le atribuye la capacidad suficiente para generar aprendizajes. Este valor, esta fe ha dominado la educación formal desde hace siglos, así que la clase se concibe como recinto de silencio y convergencia y el maestro un neto vigilante informador.

Ese silencio necesario y esa negación de lo gregario ha generado graves tensiones que, con mucha frecuencia, las pierde el estudiante, que permanece negado o que se fuga excluido.


Ahora bien. La solidaridad es la forma genérica del amor. El necesitar al otro para seguir viviendo.

Y si es así y lo aceptamos, ¿por qué no lo cultivamos?

Cultivarlo es una pedagogía de la solidaridad, de la grupalidad, de la cooperación. Del diálogo y la interacción. Es una pedagogía porque no puede ser casualidad o espontaneidad o “de vez en cuando”. Es territorio de los métodos, de las maneras de aprender.

No es fácil. De cierta manera es pedirle al maestro que renuncie al pretendido poder. Y no es para entregarlo al estudiante, es eliminar el poder como manera de relación social a propósito de aprender y comprender. Pero conviene recordar que lo digital eliminó la imagen del docente erudito y, a riesgo de sucumbir, tiene que transformarse en moderador, en facilitador del aprendizaje.

Activar a los estudiantes, centrar en ellos el asunto no es una simple concesión. Es otro comportamiento, otro desempeño, mucho más exigente que la simple verticalidad. La horizontalidad supone reconocer el acervo de cada alumno y aceptar que el aprendizaje es constructivo y compartido, donde el docente aprende con sus “aliados”, sus alumnos. Es reemplazar el Poder por el compartir y la solidaridad.

Lo gregario es una condición innata, pero también lo es la procreación. Pero así como nos procreamos al estilo humano, con cultura, lo gregario debe realizarse con cultura. Es la cultura de trabajar en grupos, donde no se niega al individuo, sino que se cultiva al otro y se le respeta como diverso y necesario. Ese cultivo y respeto supone trabajo en curso: cada grupo debe tener siempre labor importante por hacer.

En la Interacción Constructiva, en el grupo se realiza la participación, la dignidad, el reconocimiento, el respeto. Se desarrollan los lenguajes y se evalúan sus efectos. El grupo exige a cada participante y se exige como grupo, para producir; también, el equipo reclama la investigación, las pruebas y la búsqueda de informaciones que podrán transformarse en verdaderos aprendizajes, pero contextualizadas, vinculadas al tema que el grupo trabaja, al problema en proceso.

Una clase de treinta y cinco personas puede derivar hacia cinco o seis grupos menores, no solo aprendiendo a trabajar en equipos, sino extendiendo los tiempos reales para permitir – y exigir – que cada quien participe, y que lo haga desde su diversidad, vocación, aptitud.

Esto, por supuesto no es una novedad. Se cree hacer desde hace muchos años, pero en una modalidad en la que se repite en el grupo la pedagogía leccionaria tradicional, la conducta predicativa. El grupo es entonces una pequeña clase, donde se repite el discurso del maestro o simplemente se lee lo que contienen los manuales o libros de texto entregados en el aula.

La situación propuesta en Interacción Constructiva es diferente. El grupo solidario constituido no parte de la información proporcionada, sino que continúa la discusión del Problema Pertinente, mediante aportes escritos, leídos, presentados por cada uno de sus integrantes. Esa discusión descubre los alcances y limitaciones de los aportes de cada integrante del grupo, y procede a completar lo faltante, mediante presión, exigencia, lo que justifica la búsqueda de mayor información.

Un detalle más aclara el concepto de “grupo solidario”. En esta acción compartida emergen los acentos de la colaboración, del remar todos los integrantes del grupo en una misma dirección. Supone discusión, pero también exige negociación para llegar a acuerdos. Ninguno tiene la última palabra. Cada miembro del equipo tiene las mismas obligaciones, deberes y derechos. Se aprende a conllevar, distribuir, corresponder, coincidir y a pensar con el otro. Además, de aquí surgen los compañeros, compinches y lealtades, donde se produce la solidaridad
del conjunto.

Ese es el cultivo de la necesaria solidaridad para que un pueblo, una nación se cohesione y se realice en su proyecto común, en su producción compartida, en sus creaciones solidarias.








jueves, 11 de octubre de 2012

PARTICIPACIÓN



LA PARTICIPACIÓN

En esta entrega me voy referir a la Participación como valor, como gran referente ético para la Interacción Educativa. en el conjunto de los cinco que ya he propuesto en la entrega anterior:

- Dginidad

- Participación

- Solidaridad

- Diversidad

- Continuidad con la Nauraleza

Todos inmersos en los Digital, como valor emergente


La dignidad se realiza por la participación. Es decir, como ejercicio de la dignidad se transforma en demanda de solidaridad. Es la obligación hacia los otros, la conciencia de nuestra necesidad gregaria. La participación es acción y ejercicio comunicativo para dirigir, construir y crear y disfrutar. Estas formas de participación se aprenden al cultivarlas simultáneamente, cotidianamente, para asegurar su desempeño eficiente.

No se trata de algo esporádico, de mecanismos complicados o de vehículos de propaganda y formas elitistas. Se participa desde y con todo lo humano. Desde todo y con todo lo que somos como cuerpo humano: HABLAR, ESCRIBIR, CANTAR, DANZAR, GESTICULAR, PINTAR, RECITAR, CONTAR VERDADES Y MENTIRAS, INVENTAR, REPARAR COSAS, COCINAR, AMAR Y COMUNICARLO AL SER AMADO de muchas maneras, PORQUE EL SER AMADO LO ESPERA Y NECESITA…

Deviene en la formidable percepción de sentirse parte particular de un todo, que no está completo sin mí, pero tampoco sin “el otro”. Y esta afirmación es pertinente para el espacio digitalizado. Se concurre a la permanente creación, a la inminente producción que marca a toda realización humana.

En el lenguaje político, equivocadamente, se ha relacionado la participación con el poder y la dirección de lo social. Otra dimensión más consecuente sería la participación de las comunidades en propiedad. También se suele asociar con las ocasionales y confusas elecciones. Al ciudadano se le convence de que su participación consiste en simplemente sufragar. Luego, la representatividad se olvida...y la participación se transforma en manifestaciones de protesta. Esta situación exige una mayor formación ciudadana, hacia la reciprocidad y consciencia social

Pero no puede ser de otra manera, si en las tradiciones educativas se participa por asistir a clases con puntualidad, por decir “presente” sin necesariamente estarlo, por contestar falsas preguntas de las que ya se
saben las respuestas, responder lo que el docente quiere escuchar, de forma repetitiva y sin sentido propio; además, la participación en estos espacios se traduce en “portarse bien” al no hacerse sentir y aceptar conductas de sumisión; memorizar lecciones y reponerlas en exámenes; ser acólito y convergente. Ser simplemente “bueno” cuando ello significa existir dócil y pobremente.

Así, en ninguno de los dos ámbitos (político o escolar), con estos comportamientos, no se accede la participación, no se permite la intervención, no se es dueño ni señor de ella. Conviene reiterar que la participación se aprende con el desempeño y se refuerza con la convicción personal, generada al sentirse agraciado o beneficiado, porque es reconocido y contribuye como persona en el trabajo compartido.

En consecuencia, la debemos transformar hacia la producción, la formación política y ciudadana, hacia el disfrute y la realización personal.

Lo Digital, como valor emergente, amplía el concepto y es oportuno referirse a la Cultura de la Participación: en la WEB, así como todo puede bajar, todo puede subir y, es más, hay una necesidad de hacerse sentir, de participar, de crear en los espacios virtuales. Se manifiesta la abundancia de recursos e informaciones para lo que todavía no estamos preparados y que seguirá permeando toda nuestra vida y cotidianidad.

En este contexto digital, renovar nuestros valores y competencias es imprescindible para tomar decisiones y ejecutarlas, ante las nuevas realidades y relaciones virtuales. Es formarnos para navegar, disfrutar, buscar lo que requerimos, seleccionar lo conveniente y evitar sus trampas. Y no con represión ni nuevas exclusiones, es con la solidez de quien es dueño de su timón.

Hay entonces que cultivarla y su cultivo es hacerla florecer en cada quien: problematizar, angustiar, intrigar… hurgar en la inmediatez de cada quien para que ella aflore. Es lo que llamamos problemas pertinentes.







Voy a presentar en entradas sucesivas los que considero los valores primordiales, como grandes referentes, para la Interacción Educativa en Latinoamérica


- Dignidad,

- Participación,

- Solidaridad,

- Diversidad,

- Continuidad con la Naturaleza.



DIGNIDAD



Septiembre de 2012

Es indispensable precisar esta palabra. El uso frecuente le ha otorgado diferentes sentidos y, con frecuencia, se asocia al honor, al orgullo, a ese fatuo compromiso con una estirpe, a una historia que se escapa en recuerdos ya inútiles. Otras veces, su significación se reduce al vivir menguado y sobreviviente, vinculado al populismo que se soporta con la caridad y la compasión degradante.

Sin embargo, conviene centrarse en la acepción semántica relacionada con el comportamiento, con el desempeño con responsabilidad e integridad ciudadana. Volver a una de sus primarias acepciones significativas.

Dignidad es la tenencia de sí como persona plena, íntegra. Se realiza en la acción y proyección personal, donde desempeña su dimensión humana, probidad y poder creador. Es la voluntad de ser y actuar, más allá del fracaso y el error. Más allá de las trampas y los esquivos meandros del vivir.



Así que no es cosa de consejos o lecciones. Se cuentan cosas de las personas dignas y hay que continuar haciéndolo, porque ellas son personajes frecuentes de las artes y la historia, cuyo ejemplo fortalece la emergencia de la dignidad. Pero para consolidarla, hay que vivir con ella.

Es la ansiada fiesta del vivir dignamente, que no se resuelve con el regalo de una casa, carro o simplemente dinero o un mendrugo de pan. Es mucho más que aquella vida que se confunde con el no morir. Tampoco se agota en el tener confort y lujos.



Es otro mundo en el que ya no tienen lugar las expansiones de los grandes poderes, culturas, civilizaciones. Mundo de diversidades que convergen y que ya no se puede describir con palabras atadas a términos caducos, a riesgo de anacronismo. Atreverse a buscar palabras y maneras para explicar lo que está naciendo. Porque ellas también están naciendo. Este mundo que emerge se nos ofrece en una maravillosa complejidad que escapa a los procedimientos y los métodos tradicionales.

La dignidad está amarrada al respeto y al reconocimiento mutuo. A la vigencia de los otros en uno, en sus miradas y expresiones, en los espacios que me otorgan y en la correspondencia a mis entregas y logros. Y está disminuida por el poder y la autoridad que quieren imponer las certezas ajenas, que parecen buenas mientras se presentan y falsas cuando se adoran.

La dignidad es un valor y una calidad que, como todo valor, sólo se logra en su ejercicio, en su práctica reiterada y constante. Ha sido hija del acoso y por ello requiere fortalecimiento. Aun es débil y temerosa y, antes de nacer, cualquier viento puede apagarla. Porque esa debilidad, con frecuencia, deriva en la prepotencia del inseguro. En la agresividad y la violencia del acorralado.

Hemos hecho de la novedad una tragedia, por crianzas adoloridas, hijas del temor y que nos lleva a sentir que todo cambio lleva a una tragedia mayor. De allí la resistencia al cambio y repetimos “más vale mal conocido que bueno por conocer”.

Pero ya fueron los hijos de otra tragedia, la que vende el cambio como una muerte, para asustar a la dignidad humana. A la angustia y a la intriga, a la pregunta y al problema porque es en ellas y ante ellas cuando somos más humanos y nuestra creatividad se siente retada. Se requiere fuerza para luchar por la dignidad de todos. La dignidad abre todo el cuerpo que somos a la comprensión, a la creatividad y al disfrute. Incluso al disfrute aquel que no fácilmente se distingue del dolor.



Es la calidad de la persona, de la propia subjetividad imprescindible para comprender, conocer y crear. Y otro imaginario, que ahora se muestra difuso y sobrehumano, se irá armando y tomando sentido. Pero no se irá armando sólo. Lo tenemos que armar y construir nosotros. Mundo de la Participación, que se hace cultura. Incierto pero no necesariamente tempestuoso, aunque las tormentas seguirán necesarias y existiendo. Hay que buscar, incansablemente, las discusiones fructíferas a los problemas planteados. Se trata de crecer más humanos. Más fluidos, más melodiosos. Y la novedad tendrá que salir en los contrastes y armonías de una música necesaria.

Los ambientes de aprendizaje tienen que ser, más que nada, recintos de dignidad.