ESCRITOS, FOTOS, IMAGENES DIVERSAS, EXPERIENCIAS LA EDUCACIÓN, LA CULTURA, LOS VALORES, LOS CAMBIOS. UNA PERSPECTIVA FILOSÓFICA, ANTROPOLÓGICA. EDUCATION, CULTURE, VALUES, SOCIAL CHANGES
viernes, 24 de junio de 2016
LO DIGITAL COMO ATMÓSFERA
Al docente:
Al estudiante
A los directivos
A los padres y la familia
A las comunidades.
jueves, 26 de agosto de 2010
LA CONSTRUCCIÓN DE VALORES
2.- ¿Cómo instaurar valores en la escuela en un ambiente de tanta impunidad en Venezuela? (Pregunta vía REDTEBAS)
En varias oportunidades me he referido – y me seguiré refiriendo- a este tema de los valores, polémico, fundamental y con frecuencia malentendido (ver otras entradas del blog).
Los valores son complejas instancias de fe. Son los grandes referentes en el marco de los cuales se construye el mundo que cada quien, que cada grupo y sociedad acepta y tiene como tal.
Lo que se finalmente se entiende como verdad, tiempo, espacio, movimiento, trascendencia, vida, muerte, placer, trabajo, sacrificio… deriva de los valores dominantes.
En la medida en la que un conjunto humano construye valores ellos tienden a conjugarse como sistemas, en complementariedad no limitada, sino mas bien difusa e integrada, y, como tal, difícil de definir. Pero no por ello inocuos. A esos sistemas de valores los podemos llamar Culturas.
Cuando propongo a Venezuela como una cultura en maceración estoy pensando en esa convergencia de valores de diferentes culturas, a los que se agregan otros emergentes o protovalores en. Esto va y sigue ocurriendo en diferentes momentos y en una diferente espacialidad y ámbito ecológico. Maceración que puede resultar más menos rica en cuanto la dominación de procedencia de algunos de ellos no aplaste la necesaria diversidad.
Occidente, como cultura moderna, desde principios del siglo pasado y acompañando el petróleo, se estableció con poder excluyente en Venezuela, generando una fuerte discriminación entre los que iban occidentalizándose y los que no. Adoptando los ya occidentalizados aires y actitudes de civilizadores agresivos. Ésta puede ser, en cortas palabras, la interpretación del último siglo y reciente década de nuestra historia.
Es así como liberalismo y socialismo, dos ideologías correspondientes a ese industrialismo occidental, tapan el panorama de la necesaria búsqueda de la propia comprensión y la consiguiente construcción de nuestro sistema de valores, y desde ellos nuestras maneras de producir y crear, de convivir y disfrutar.
Dicho esto, hay que entender que los valores no se enseñan ni imponen por lo que no siguen a prédicas, discursos, castigos o represiones. Se construyen complejas interacciones sociales, en el juego de su ejercicio. A veces relacionados o pautados por grandes acontecimientos, catástrofes o dolores. A veces por grandes logros sociales o consecuentes y reiteradas experiencias.
Siempre originados en la religiosidad humana, en esa facultad constitutiva que nos hace – o permite- proyectar sobre cosas o pensares las calidades de la animación y la generación. Así, dioses, santos, banderas, músicas… se hacen vivas y fecundas, dándole a la vez, sentido a nuestra vida.
Un valor no es una buena o mala conducta. Los valores no son universales. Son integrantes, como ya he dicho, de una cultura: la vida, el amor, la violencia con frecuencia son vistos de manera diferente. La vida puede ser la propia y no la del enemigo o subordinado. El amor puede ser de uno o de muchos. La violencia puede ser aceptada como consecuente con la percepción de sí mismo y su supervivencia. No hay que ver sino el conflicto entre palestinos e israelíes para comprender esta diversidad de los valores, aun cuando se les llama con las mismas palabras.
Así, la construcción (o instauración) de los valores es inseparable de una práctica consecuente, al ejemplo. No es raro encontrar valores que han emergido asociados a grandes crisis o catástrofes y superaciones consiguientes. Esos procesos y superaciones resultan proyectados, muy humanamente, a símbolos que los evocan y sustantivan para cultos y devociones. En esa condición los símbolos tiende a separarse de lo simbolizado. Y mientras lo simbolizado se da en los inevitables agites y cambios sociales, los símbolos permanecen estáticos con tendencia a frenar los mismos cambios.
. Los ambientes de aprendizaje son buenos para su cultivo en la medida en la que se ejercen. A esa práctica debe agregársele el ejemplo, el imprescindible modelaje que contribuye a crear ese ambiente donde los valores se hacen referentes para el actuar, decidir y aproximarse a las cosas y relaciones.
Un ambiente de impunidad refiere a poca cohesión social y, consiguientemente, a debilidad o ausencia de los valores correspondientes. Un grupo social, una nación se cohesiona alrededor de valores establecidos y asumidos como grandes referentes. La corrupción, entendida como apropiación indebida de los bienes comunes, en Venezuela llega al extremo de no ser una circunstancia sino a ser una característica. Lo social es pobremente percibido.
Las instituciones en general, no han sido producto de maduraciones propias. En buena parte se han importado, copiado o impuestas – mayormente aquellas de origen europeo- sin ser consiguientes a procesos históricos ni a valores establecidos. Así que la gente termina percibiéndolas como simples fachadas. Esa debilidad las hace dúctiles y sometidas a los intereses políticos o económicos.
Así, resulta impune que el gobierno se apropie de los medios de comunicación para su permanencia en el poder. Así, opositores y oficialistas ocupan lugares indistintos en los que se benefician y comparten prebendas, comisiones y sobreprecios.
Esa impunidad – ese pobre lindero de los valores – es asumida como manera normal de actuar. La represión social, el castigo o censura no es ejecutada ni percibida. El joven delincuente – asesino o ladrón – encontrara su falta leve y más bien asociada a su realización personal en el cuadro de sus inmediatos.
viernes, 30 de octubre de 2009
LO DIGITAL COMO VALOR (Como valor emergente o protovalor)
(Apuntes)
Arnaldo Esté
7-9-09
Al aceptar que un valor es un gran referente de orden fideico, tal como lo son la honestidad, la vida, la muerte, el odio, la verdad, la prueba, la causa, lo bello, el bien, es decir un algo que aceptamos y practicamos sin argumentos ni explicaciones y que además, genera otras cosas, actitudes, técnicas, formas de relación, encontramos que “lo digital” es un valor emergente tal como lo esa ahora la diversidad o “la naturaleza como continuidad de la persona”.
No debemos reducir lo digital, que es una manera de existir los tejidos sociales y las simulaciones como una forma de realidad y todo lo que de ello se deriva, con las TIC. Es decir, como simple conjunto de técnicas o instrumentos.
Nos ha costado mucho separarnos de los valores que nos hacen percibir las relaciones entre las cosas como sensorialmente perceptibles. Aceptar la luz, el sonido, la electricidad como vibraciones u oscilaciones de ciertas partículas no propiamente visibles es difícil y la evidencia de su existencia se da por los efectos que ellos traen más que por sus propios constituyentes.
De manera similar, un creyente acepta la existencia del alma, no porque la perciba sensorialmente, sino porque ella supone otras cosas: amor, odio, temor, esperanza, que le atribuimos.
El salto de las verdades reveladas a las verdades argumentadas, racionalizadas, supuso la instalación de un nuevo valor: la fuerza del argumento escrito. Y ello tuvo que ver con una técnica: la vulgarización del libro gracias a la imprenta (y con no menor importancia, la exigencia calvinista de acudir directamente a la Biblia).
Ahora lo digital (como técnica) trae su emergencia como valor. En virtud de ello, por ejemplo, nos acostumbramos recibir múltiples versiones sobre el mismo asunto y escoger el que nos convenga sin reclamarles soportes de autoridad, tal como ocurre con las verdades académicas.
Ahora lo digital nos obliga – y permite- seguir un curso de “argumentación” no lógica ni linealmente derivada. Se sigue cada vez con mayor frecuencia, cursos “hipertextuales” en los que el orden lo impone el ánimo o subjetividad del operador del aparato y la red. Wikipedia –una peculiar enciclopedia-, se empeña en dotar de autoridad sus artículos imponiendo ciertos filtros, referencias, datos heredados del mundo académico. Pero estoy seguro que la mayor parte de la gente que acude a ella no le presta atención a esa mucha o poca autoridad que los respalde. Con el tiempo nos acostumbraremos a la “verdad de Internet” como antes lo hicimos con la “verdad científica” o la “verdad revelada”.
Y no es sólo por la posibilidad de recibir infinitud de información sobre cualquier cosa (Infinitud que resulta cada vez más engorrosa de manejar, exigiendo gran esfuerzo. Un, a veces, desusado ejercicio voluntad). Es también por la posibilidad de crear y cultivar innumerables grupos y niveles de relación (de enredamiento) social. Redes a las que progresivamente iremos atribuyéndole derechos o potencias de intervenir en la propia constitución subjetiva, tal como ahora lo hemos hecho con nuestros familiares y amigos.
Es también por establecer, de manera similar a la que armamos redes de relaciones personales, que podemos llamar simulaciones de amor o amistad, simulación de situaciones en las cuales nos podemos comprometer: aventuras, empresas,
amores, guerras, proyectos o utopías con gran detalle y capacidad de reflejar las consecuencias de nuestras decisiones o acciones.
Podría seguir mencionando muchas de las numerosas posibilidades, no ya de comunicación sino de engendro, de creación, de generación que se derivarán de la creciente fe (condición de valor) en que, lo así derivado, tendrá su instancia y espacio.
Esta condición de gran referente - de lo que algún momento llamaron “estructurador social”, pero que yo prefiero llamar VALOR por su carácter no determinante, sino más bien arropador- incidirá sobre los otros valores en búsqueda de sistematizarse hasta instalarse como cultura. En esa condición establecerá las máximas y mínimas, el “espectro” de lo posible y de lo necesario y no con la supuesta verticalidad de un “Big Brother”, que naturalmente persiguen algunas macro empresas, sino con la tranquilidad y seducción que una cultura imperante obliga al seguimiento de sus valores.